Tradiciones, 'instituciones' y profesiones perdidas:
Tradiciones
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El pan de horno. El horno que había en el pueblo para hacer el pan funcionaba por turnos. El pan se hacía para 10-15 días. El grano para la harina se molía en los molinos de Río Quintanilla, Quintanaopio o Salas de Bureba. Asar patatas en las ascuas al concluir la hornada era una agradable y sana costumbre.
Un horno de pan
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La sidra casera. La sidrera del pueblo estaba en los bajos del Ayuntamiento. Había una máquina para machacar las manzanas y la correspondiente prensadora, que aún se conserva. En algunas bodegas del pueblo no solía faltar la rica sidra (fresca y natural) para gustar, especialmente, en los días más calurosos del verano en medio de las largas jornadas de trilla.
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La matanza. Primer acto. "Era todo un rito. Solía fijarse el día con antelación. Se avisaba a los familiares y amigos que habrían de tomar parte en la ceremonia. El ama de casa preparaba el material adecuado: calderas, barreños, gamellas, trébedes, parrillas..., así como lo necesario para la posterior tarea de tratamiento de la carne, para su conservación, y la consiguiente elaboración de chorizos, morcillas, lomos y embuchados, jamones, sazonados, etc.: aceite, sal, arroz, pimienta, pimentón y otras especias al uso y gusto del lugar, aparte de las cebollas y los ajos de 'cosecha propia'. Muy de mañana llegaban los invitados, que eran recibidos en torno una mesa en la que no faltaban las pastas, el anís, el coñac o el orujo.
Útiles para la matanza
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Segundo acto. Superado exitosamente el primer paso del ritual, se pasaba a 'lo serio'. El maestro de ceremonias daba las oportunas órdenes y cada cual ocupaba su puesto. A la 'hora cero' salía de la 'corte' el protagonista del drama (mejor, tragedia) para dirigirse ¿inconsciente? al patíbulo, que le aguardaba unos metros más afuera. Justo cuando iba a llegar al banco, el matarife tomaba el gancho (en forma de 'S') y lo clavaba en la papada del puerco, sujetándolo a una de sus piernas y, en unas décimas de segundo, todos a una, lo echaban sobre el banco. Sin pérdida de tiempo, el matarife clavaba certeramente en el animal el cuchillo, bien afilado y de larga hoja, adecuado y preparado para la ocasión. (Es lo que se conoce como 'muerte por degüello'). Antes de escaparse el primer borbotón de sangre, diligente se hallaba una mujer con un balde en sus manos para recoger hasta la última gota, y sin dejar de removerla a fin de evitar su solidificación. El porcino gruñía y se agitaba con fuerza resistiéndose a morir. Los chiquillos de la casa -que aquel día habían hecho 'novillos con autorización paterna'- también tenían su protagonismo y lugar (aunque secundario) en la ceremonia: tirar del rabo del cerdo, que sería al final su trofeo y manjar, una vez asado, además de la 'bochincha' para jugar... El animal, casi desangrado, ha dejado ya de gruñir y de moverse.
Evisceración clásica
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Tercer acto. Concluido el sacrificio se daba paso al chamuscado/escaldado de la piel, la evisceración (extracción de las vísceras), limpieza de asaduras y vientre. Hecho eso, se dejaba orear la canal (la parte más importante y valiosa del cerdo) durante 24 horas, antes de proceder a su despiece: 1) trozos para el consumo fresco e inmediato, 2) carnes magras, 3) perniles, 4) hojas de tocino, 5) pellas de manteca, 6) huesos y 7) recortes. Para poder consumir la carne del animal con tranquilidad era preciso pasar la preceptiva inspección veterinaria, dados los hábitos omnívoros del cerdo (riesgo de triquinosis). (27-b)
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Tradiciones y juegos infantiles. La fiesta de "la santa Águeda", en febrero (con muñeco incluido), la "Ronda de los aguinaldos", en Navidad ...·. Juegos: marro, pita, calva, pincho, tapulero, guía...
'Instituciones'
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El alguacil, algo más que una profesión. Hablar del alguacil de Hozabejas es hablar de una persona concreta con nombre y apellidos. Sin embargo, siguiendo la norma que nos hemos impuesto de no citar nombres (de alcaldes, por ejemplo), tampoco lo haremos en este caso, si bien todos los que vivimos aquella época sabemos perfectamente a qué persona nos estamos refiriendo. Quien esto escribe no conoció en el pueblo más que una persona que ejerciera este cargo. Nos atreveríamos a decir que porque nadie reunía las múltiples cualidades naturales que adornaban a aquel hombre. Era, además de un alguacil polifacético, sacristán mayor. Ninguna otra persona -ni siquiera el párroco- sabía cantar, en las misas solemnes de las fiestas aquellos 'kyries', 'gloria' o 'credo'..., de cuya procedencia nadie, hasta el presente, nos ha podido dar pista ni referencia. ¡Y qué decir de la singular subasta de las 'piezas' del ramo ("¿hay quién mejore la postura?", "... ¡y que buen provecho le haga al pooooostor!"), que cada año preparaba un vecino, con las ofrendas a la Virgen de la Piedad, Patrona del pueblo. La subasta se sigue haciendo en la actualidad, pero... ¡no es igual!
Mucho más que el clásico pregonero
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El Teleclub: No sé si podemos atribuirle la categoría de 'institución', pero a efectos prácticos y mientras pervivió sí lo fue, no sólo en Hozabejas sino en muchísimos otros pequeños pueblos de la España de 'los años sesenta'. Porque el teleclub era 'lugar de encuentro', era 'foro', era 'ventana abierta al mundo' para unas gentes que, con la TV, ya no tenían que imaginárselo, lo podían ver; únicamente era preciso ponerle 'color', pero de eso ya se encargaba la imaginación y la fantasía de cada cual. Los espacios 'estrella' (no podía ser de otro modo tratándose de un paisano), eran los del Dr. Félix Rodríguez de la Fuente, trágicamente desaparecido. Otros acontecimientos que se vivieron con especial interés fueron el asesinato del Presidente de los EEUU, John F. Kennedy, en noviembre de 1963, o la llegada del primer hombre a la Luna, aquel 20 de julio de 1969. La inauguración de la primera TV fue todo un acontecimiento social en el pueblo, como se observa en la foto inferior.
Inauguración (con pastas) de la primera TV.
Profesiones
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El pastor. Si nos remontamos a lo que decía el Catastro de Ensenada refiriéndose a los habitantes del pueblo en el año 1751 (Gentes-5), había por entonces dos pastores (no vecinos). Volviendo a 1960, podemos detallar que el régimen contractual del pastor se concretaba en algunos aspectos curiosos que nos han contado. El pueblo le pagaba con fondos del común obtenidos de los ingresos que generaba el monte (madera y resina). El pago se hacía mixto: parte en metálico y parte en especie: grano, fruta, etc. En el período que estamos analizando recordamos dos familias -numerosas, por cierto- que pasaron sucesivamente por Hozabejas realizando este noble oficio. Como hemos dicho más arriba, el cierre de la escuela fue causa decisiva para su marcha del pueblo.
Monumento al pastor
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El caminero. Gracias a su constante y diligente labor las cunetas solían estar habitualmente limpìas y bien dispuestas para acoger las avenidas del agua de la lluvia o para permitir el paso fluido del agua de riego.
Monumento al caminero
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Los resineros y remasadores: De su trabajo duro (siempre sometidos a las inclemencias del tiempo), metódico y de gran desgaste físico ("moviéndose habitualmente por lugares accidentados o de difícil acceso") ya hemos hablado en el capítulo "Gentes-6" al referirnos al monte y a la resina. A quien esto escribe siempre le intrigó, en su época infantil, ese singular sentido de la orientación que debían poseer estos hombres "para no perderse y, además, llevar un cierto orden en su tarea en medio de un bosque de pinos, aparentemente, todos iguales" (¿?).
Un remasador
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Los arrieros. Si bien es cierto que esta profesión ha dejado de existir en el pueblo desde hace mucho más tiempo, no queremos dejar pasar la ocasión de hablar de ella, máxime cuando han sido bastantes -por lo que sabemos- los vecinos del pueblo que la ejercieron en una u otra época, tal y como nos lo precisa el Catastro de Ensenada que hemos visto en páginas anteriores. Hablando de la actividad de la Arriería en "Las montañas de Burgos", escribe José Ortega Valcárcel: "Las montañas de Burgos han sido tierras de muleteros y mercaderes [...]. El arriero, el transportista con caballerías propias, constituye una verdadera institución montañesa que hunde sus raíces en plenos siglos medios; que pervivirá hasta casi el nuestro [...]. El arriero se dedica a comprar y vender, y sigue en ello los caminos más favorables de acuerdo con los productos más beneficiosos [...]. Una dedicación bronca y difícil si creemos la opinión expresada en el citado interrogatorio (se refiere a las Respuestas Generales del Catastro de Ensenada) sobre las ferias medinesas, que nos pintan al arriero de mal carácter y apasionado. Un oficio de riesgo, también, pero que representó, en el panorama económico tradicional montañés, una posibilidad de beneficios más acrecidos que los que podía proporcionar el trabajo de la tierra [...]. Actividad transportista y comercial a la par, arraigada entre las propias de los montañeses, la más expresiva y caracterizada de las ejercitadas, después de la labranza que, por otra parte, suelen compaginar con la arriería. Bien porque este ejercicio lo reserven a los tiempos libres que les deja el trabajo del campo. Bien porque mantengan una de ellas por otra persona, de la propia familia en unos casos -la mujer, los hijos- o por medio de criado en otros, que se encargan ora de la recua ora de la labranza [...]. En general, el transporte, como actividad se sitúa, con preferencia, en torno a los pasos obligados y más dificultosos [...].
Un monumento al arriero
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En nuestro caso no interesa tanto el tráfico de paso, como el que realizaban los montañeses; y éstos por las mismas vías señaladas de modo general, con sus recuas de cuatro a diez caballerías, asegurarán una parte importante del tráfico de abastecimiento de la villas norteñas en granos y vinos, que fue su cometido esencial. Bien, desde Tierra de Campos, bien desde la Bureba o tierra de Burgos, los granos. Desde Tierra de Aranda, Tierra de Madrid, Tierra de Medina, de Toro o desde Haro, los vinos. De vuelta, serán los encargados de abastecer las tierras interiores de pescado fresco y seco, hierro y otros productos de mercaderías, en una clara actividad redistribuidora desde los puertos, cuyo destino serán las propias tierras montañesas, pero, sobre todo, las tierras del interior, las mismas ciudades y regiones de que se proveen de granos y vinos, como por otro lado comprueban las noticias que tenemos [...]. Los trayectos fundamentales serán los que unen los puertos -Bilbao, Laredo, Santoña- y villas cantábricas -Valmaseda, Orduña, etc.- con las ciudades y villas castellanas y de la Rioja -Haro, Logroño, Burgos, Briviesca, Villarcayo, Frías, Aranda, las dos Medinas del Duero... y, desde el siglo XVI, Madrid [...]. La arriería representó, pues, un aspecto de interés en el panorama más complejo de la actividad de carácter comercial que, como espacio intermedio, centralizan las "Montañas de Burgos" por medio de sus principales núcleos comerciales y de una organización de intercambio cuyas raíces se hunden en la Edad Media". (28)
Algunas tradiciones que no se han perdido (del todo).
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La fiesta mayor del pueblo. Oficial y tradicionalmente se celebra el día 9 de septiembre: La Virgen de la Piedad. Como en tantas otras localidades, en los últimos años ha venido adelantándose a un fin de semana de mediados de agosto para que los hijos del pueblo que viven fuera -y que deben regresar a sus lugares de residencia- puedan celebrarla allí.
Imagen de la patrona
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Eran dos días, que solían vivirse con la intensidad y singularidad propia de estas ocasiones -similar a la de otros lugares del entorno- con lanzamiento de cohetes desde la víspera.
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El primer día comenzaba con un pasacalles a cargo de la banda de música ("Los Faraones" de Poza de la Sal, frecuentemente). Seguía la misa solemne -con acompañamiento de la propia banda en momentos puntuales-, ofrenda del ramo a la Virgen y posterior subasta de las piezas del mismo, entre las que no faltaban los tradici0nales roscos elaborados en la localidad de Poza. En el resto de la mañana y hasta la hora de la comida, dependiendo de años, se organizaban diversas actividades lúdicas para los niños, para los mozos (las carreras de bicis, los partidas de bolos en el 'carril', o las del juego de la huta...) y para los mayores (para los hombres las partidas de 'mus', y para las mujeres las habituales partidas de 'brisca'). No solía faltar tampoco -a pesar de estar prohibidos oficialmente los juegos de azar- la correspondiente mesa para el juego del 'tarrillo', que a nadie hacía rico pero que a más de uno le robaba el sueño de aquella noche, como mínimo.
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Desde media mañana ya solían hacer acto de presencia los famosos 'carameleros' o 'confiteros' de Poza, que montaban sus bien surtidas mesas de dulces, juguetes, etc. para satisfacción y regocijo de la -entonces numerosa- chiquillería. Acabada la larga sobremesa, daban comienzo los primeros bailes, que se prolongaban -con las oportunas pausas para descanso de los músicos- hasta bien entrada la noche. (Otro detalle que uno recuerda -en aquella época en que el servicio eléctrico venía a ser tan deficiente- era el uso del 'carburo' en la iluminación de los puestos de los carameleros y jugadores).
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El segundo día de la fiesta tenía como principal matiz y diferencia, respecto del primero, la celebración de la misa en memoria y sufragio por los difuntos, que se completaba con una breve procesión al 'camposanto' y los consiguientes responsos en el mismo. Dos días, pues, de alegría y holganza, pasados los cuales venía 'la resaca'.
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La fiesta del Ángel. Es la fiesta menor, en honor del titular de la ermita. Se celebra el día 1 de marzo, con la tradicional misa, como acto principal. Tradicionalmente, también en esta fiesta se traía banda de música.
Imagen del santo Ángel
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La Bendición del campo. Se suele celebrar a mediados de mayo, cuando el campo se halla en pleno esplendor. Era, tradicionalmente, una fiesta de motivación agrícola. Los actos fundamentales: la misa votiva para pedir buen tiempo para la cosecha, la procesión -carretera abajo- hasta el límite con el término de Río Quintanilla, y la 'merienda comunitaria' en la Casa de la Villa que, oportunamente, se acomodaba para este fin.
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El habla particular.
Aunque el tema daría para un amplio y detenido estudio (ya existe alguna publicación seria referida al "habla de la Bureba", como puedes ver en la bibliografía que se halla en Documentos), nos limitaremos a enumerar -a modo de muestra- algunas de aquellas palabras de uso común que conformaban una parte del vocabulario cotidiano. Es lógico pensar que muchas de ellas, relacionadas directamente, bien con las labores domésticas, bien con las tareas del campo, bien con la propia casa rural, irán desapareciendo -si no lo han hecho ya- con el cambio o supresión de ciertas actividades y costumbres.
¿Te suenan?
- Utensilios en general: candaja, artesa, cedazo, rodelas, trébede, rodillero, barreño, coyundas, melenas, dedil, cacilla, tinanco, dujo, cachavo, escriño, serón, cuévano, carburo ...
- Herramientas y similares: legona, picacho, azadón, bieldo, bielda, morisca, estrinque, aladro, rastra, zoqueta; del carro: tentemozo, cartola, pingoste, varal ...
- En la casa: trampera, basar, troje, panera, corte, falleba ...
- Relativas a la trilla: granzas, tamo, rampla, talega, saca, sayalino, mantonazo, beldadora ...
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Y... ¿sabes qué es un "marayel"?















